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La soledad en la tercera edad

La soledad en la tercera edad

La soledad en la tercera edad
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Se acercan las navidades y con ellas llegan los días de reencuentros familiares. Para muchos mayores que viven solos, ésta es la mayor oportunidad del año para estar realmente acompañados. Sin embargo, hay personas mayores que no tienen familia o que, aun teniéndola, no pueden celebrar con ellos estas fiestas, lo que incrementa su sentimiento de soledad.

El problema de la soledad en las personas mayores es un tema realmente preocupante en nuestra sociedad. Según datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en España una de cada diez personas vive sola, y el 42% de ellas son mayores de 65 años, principalmente mujeres. Además, las cifras ponen de manifiesto que el número de hogares unipersonales en esta franja de edad el año pasado subió 0,3 puntos por encima de la media global. Si a ello le sumamos que la mayoría de las personas mayores que viven solas, concretamente el 60%, afirma que tiene sentimientos de soledad y aislamiento, podemos ver el alcance del problema que tenemos sobre la mesa.

Y es que la soledad en los mayores es un tema serio, puesto que afecta directamente a su bienestar y a su calidad de vida.

Numerosos estudios han demostrado que las personas mayores que se sienten solas se sumergen en un sentimiento de tristeza que les quita las ganas de vivir y que, en los casos más graves, puede llegar a derivar en una muerte prematura. La soledad también está asociada con el deterioro de la salud mental, el deterioro cognitivo, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión y la demencia.

¿Cómo podemos combatir la soledad en la tercera edad?

Los primeros que deben tomar medidas son los familiares directos de la persona mayor que vive sola, para evitar al máximo que tengan el sentimiento de soledad.

A veces un pequeño cambio de hábitos para integrar el contacto periódico con la persona mayor en nuestro día a día supone un beneficio que le da un valor enorme a estas pequeñas acciones. Por ejemplo:

  • Realizar visitas periódicas para hacerle compañía, conversar, comprobar su estado de salud y asegurarnos de que la vivienda se encuentra en buenas condiciones. Una breve visita de 10 o 15 minutos ya le hace ver a la persona mayor que nos importa.
  • En el caso de pasar varios días sin poder visitarle debemos, por lo menos, llamarle para saber cómo está. Este pequeño acto le muestra que estamos allí, que le tenemos presente y que si necesita algo puede contar con nosotros.
  • Acompañarle al médico cuando sea necesario para así estar informados de primera mano de su estado de salud.
  • Pensar en él o ella también en época de vacaciones. A menudo sucede, por ejemplo, que en familias de varios hermanos, todos se van de vacaciones a la vez, dejando a la persona mayor completamente sola durante varias semanas o en fechas señaladas. Nadie tiene que renunciar a sus vacaciones, pero seguro que hay una manera de organizarse para no estar fuera todos al mismo tiempo, o incluso para que pueda acompañarnos en alguna ocasión.

Además de todo ello, en los casos en los que exista la autonomía suficiente, debemos animarle a que participe en actividades sociales que le permitan conocer gente en sus mismas circunstancias y pasar un rato agradable y acompañado. Por ejemplo, programas de voluntariado, asociaciones culturales, cursos y talleres… Incluso los tradicionales viajes del IMSERSO, de los que ya hablamos en detalle en un post anterior.

En el caso de que nuestro familiar se encuentre en situación de dependencia será necesario valorar la opción que más se ajuste a las necesidades de ambas partes. En algunos casos será buscar ayuda profesional para cuidarle en casa, en otros buscar una residencia geriátrica, o en otros optar por cuidarle nosotros mismos.

A veces, los problemas cotidianos, el trabajo, los niños… en definitiva, el día a día nos hace priorizar otros temas y no nos damos cuenta de que nuestros mayores, que tanto han hecho por nosotros, no están recibiendo la atención que merecen por nuestra parte. Y ellos, por no molestar, no dicen nada y se van sintiendo cada vez más solos y abandonados

Por ello, desde Pensium creemos que es vital que todos los que tenemos algún familiar mayor viviendo solo tomemos conciencia de ello y busquemos la forma de darle un espacio en nuestro día a día. Porque un par de visitas semanales, una comida familiar el domingo o una llamada por la noche antes de acostarse, para nosotros es una pequeña acción, pero para muchos mayores puede marcar la diferencia entre una vejez triste y sin ilusiones, o una vejez feliz y con un motivo para cuidarse y mantenerse activo.

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