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Animales de compañía para personas mayores

Animales de compañía para personas mayores

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En un post anterior ya estuvimos hablando de los muchos beneficios que aportan los animales en el día a día de una persona mayor. Concretamente, profundizamos en la terapia asistida con animales que muchas residencias están incorporando en sus servicios, ya que se observan múltiples efectos positivos en las personas mayores que participan en este tipo de actividades.

Hoy queremos retomar este tema. Existen estudios que han demostrado que tener una mascota aporta felicidad y mejora la calidad de vida y, en el caso de las personas mayores que viven solas, estos beneficios se multiplican. Tener un animal de compañía:

– palia el sentimiento de soledad

– estimula la comunicación

– favorece el contacto físico y las demostraciones de afecto

– estimula la memoria y la atención

– favorece un estado anímico positivo y el buen humor, puesto que las mascotas tienen una alta capacidad para hacer reír a sus propietarios.

Para muchos ancianos que viven solos un animal de compañía les activa y les hace sentir útiles y necesarios, ya que les obliga a mantener unas rutinas diarias para cuidarlo, asearlo, jugar, alimentarlo, y en consecuencia, hacerse cargo de sí mismos. Todo ello aumenta las ganas de vivir, disminuye la ansiedad y la depresión, y puede incluso reducir la necesidad de medicación.

Elegir la mascota adecuada

Tener una mascota conlleva responsabilidades, puesto que cualquier animal de compañía requiere cuidados y atenciones diarias. Esto implica que hay que elegir con cuidado la mascota que va a convivir con la persona mayor.

Para acertar, además de las preferencias de la persona mayor, debemos tener en cuenta cosas como:

  • si la persona mayor es activa o más bien tranquila
  • si tiene buena movilidad o por el contrario tiene dificultad para moverse
  • si tiene alguna alergia
  • si vive en un piso o en una casa
  • si le gustan las actividades al aire libre o prefiere estar en casa

Aunque hay infinidad de opciones, lo más habitual es que la elección esté entre perro o gato, así que vamos a hablar de las ventajas y desventajas de cada opción.

Los gatos como mascota para personas mayores

Los gatos son ideales para las personas mayores con movilidad reducida, puesto que no necesitan salir a la calle a pasear.

A diferencia de los perros, los gatos no tienen problema en vivir exclusivamente dentro de casa, por lo que resultan perfectos para personas con dificultades para moverse y salir a pasear diariamente.

Además, los gatos suelen ser animales tranquilos que no necesitan más de media hora al día de juegos. Para la mayoría de ellos, los mejores momentos del día son cuando duermen en el regazo de su propietario, así que no necesitan que su cuidador sea muy activo.

En cuanto a las formas de juego, existen múltiples juguetes que permiten que el cuidador juegue con éxito con su gato realizando el mínimo esfuerzo y estando cómodamente sentado en el sofá. Por ejemplo, palos con una cuerda y un juguete enganchado al final, ratones radio-comandados… que permiten a las personas con poca movilidad satisfacer sin problemas la necesidad de juego de su mascota.

Si finalmente se opta por un gato, es recomendable buscar uno ya adulto, puesto que suelen ser tranquilos y cariñosos y no tienen tantas ganas de jugar como los gatitos o gatos más jóvenes.

Los perros como animales de compañía para personas mayores

Los perros son los animales de compañía más elegidos para personas mayores activas con buena movilidad. En la mayoría de casos se opta por un perro pequeño puesto que, aunque la persona mayor goce de buena salud, salir a pasear o jugar con un perro grande puede llegar a ser peligroso, pues tienen mucha fuerza y vigorosidad, especialmente cuando son jóvenes.

Si se elige un perro como mascota, es importante tener en cuenta que cada raza tiene sus particularidades y, aunque cada perro es único y tiene su propia personalidad y temperamento, hay razas que tienen necesidades que difícilmente podrá cubrir una persona mayor.

Lo mejor en estos casos es buscar uno de tamaño pequeño o mediano que tenga, al menos, dos años o más. Así se evita el arduo trabajo de enseñarles a hacer sus necesidades en el lugar indicado y de educarles en los años de mayor actividad.

Finalmente comentar que, aunque introducir un animal de compañía en la vida de una persona mayor puede ser altamente beneficioso, también conlleva algunos gastos (comida, vacunas y revisiones veterinarias, etc.), con lo que antes de nada tendremos que valorar que se puedan satisfacer todas las necesidades del animal sin que suponga una dificultad económica para la persona mayor.

Lo principal es que las personas mayores puedan mantener una buena calidad de vida y recibir el cariño y la atención que necesitan, tanto mientras estén en su casa como cuando tengan que trasladarse a un centro que les dé la asistencia que requieran.

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