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Demencia vascular: síntomas y tratamiento

Demencia vascular: síntomas y tratamiento

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Después de la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular es el segundo tipo de demencia más frecuente entre nuestros mayores, representando entre el 10% y el 20% de los casos.

La demencia vascular puede aparecer cuando no llega suficiente sangre a las células, por lo que éstas se dañan o incluso mueren. El cerebro tiene una de las redes más ricas de vasos sanguíneos del cuerpo, y es por eso que es especialmente vulnerable ante esta dolencia.

¿Cuáles son sus causas?

Este tipo de demencia afecta principalmente a hombres entre los 55 y los 75 años de edad. Puede estar causada tanto por un estrechamiento como por un bloqueo total de los vasos sanguíneos del cerebro, causando una insuficiencia en la recepción de nutrientes y oxígeno en las células del cerebro que provoca que no funcionen debidamente.

En ocasiones puede deberse a pequeños ictus (un ictus es un taponamiento o rotura de un vaso sanguíneo del cerebro) sucedidos en el tiempo. Otras veces se debe a un ictus grande o que ha sucedido en una zona estratégica del cerebro. No todos los ictus acaban en demencia, pero en algunos casos los pacientes la desarrollan justo después o dentro de los siguientes seis meses.

Los factores de riesgo principales para sufrir una demencia vascular son:

  • Hipertensión arterial
  • Ateroesclerosis o endurecimiento de las arterias
  • Tabaquismo
  • Diabetes Mellitus
  • Colesterol elevado

¿Cuáles son sus síntomas?

Entre los síntomas más habituales de la demencia vascular encontramos varios problemas cognitivos como:

  • Pérdidas de memoria o del sentido de la orientación
  • Afasia o dificultad con el lenguaje (emisión o entendimiento de palabras)
  • Apraxia o dificultad para realizar tareas cotidianas por problemas de coordinación de movimientos
  • Agnosia o dificultad para reconocer sonidos, sabores, olores, objetos o personas
  • Cambios en la personalidad y de humor

También se pueden presentar problemas para caminar o para mantener el equilibrio, debilidad en las extremidades, delirios, confusión, agitación, problemas urinarios y depresión.

¿Cómo puede tratarse? 

El tratamiento suele centrarse en controlar las enfermedades y factores de riesgo que ayudan a causar la demencia vascular. Mantener un control sobre las enfermedades que afectan al corazón y los vasos sanguíneos se torna primordial, ya que puede ayudar a reducir significativamente la velocidad a la cual empeora la enfermedad.

Actualmente no existen fármacos específicos para tratar la demencia vascular, ya que ningún tratamiento puede recuperar el daño causado por un accidente cerebrovascular, pero algunos de los utilizados para el Alzheimer pueden ayudar.

También es importante controlar los factores de riesgo vascular con cambios en el estilo de vida o mediante tratamientos concretos para ayudar a que la enfermedad no se agrave.

Llevar una dieta sana y equilibrada, baja en grasas y sal, ayudará a controlar la tensión arterial. Además, debe evitarse el alcohol y el tabaco y seguir todas las indicaciones que indique el médico. Se debe, también, reducir el nivel de colesterol y controlar el nivel de azúcar en sangre, especialmente en los casos en los que se sufre de diabetes.

Cabe destacar que, durante el desarrollo de la enfermedad, el paciente podría permanecer estable durante una temporada y luego empeorar, o alternar periodos de empeoramiento y estabilidad, lo cual no facilita un buen pronóstico para esta enfermedad.

¿Cómo afrontar la enfermedad desde el rol de cuidador no profesional?

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, los cuidadores de personas con cualquier tipo de demencia, especialmente los no profesionales, suelen experimentar una mezcla de emociones como confusión, frustración, temor, incertidumbre o depresión. En estos casos es importante tener muy presentes los cuidados básicos de las personas cuidadoras y también:

  • Buscar soporte. La ayuda o asesoramiento de los servicios de apoyo locales es importante para resolver las dudas que se puedan tener.
  • Respetar la independencia del paciente, mientras ello sea posible. Puede que pase mucho tiempo hasta que la persona afectada deba dejar de vivir sola o de realizar ciertas tareas por sí misma. Las primeras etapas pueden durar años y podría ser nuestro familiar aun sea capaz de hacer muchas cosas por su cuenta.
  • Hacer actividades juntos. Buscar actividades con las que disfrutar juntos en lugar de esperar lo que está por venir.
  • Mantener un ambiente tranquilo. Para reducir la preocupación lo mejor es mantener un ambiente calmado y predecible. Establece rutinas diarias que incluyan actividades placenteras dentro de la zona de confort de la persona con demencia vascular.

Además, atender a una persona con demencia puede precisar de una gran exigencia física y emocional, lo que puede derivar hacia el síndrome del cuidador quemado si uno no se cuida como debe. Así que desde Pensium, recomendamos siempre que, en el caso de ser la persona cuidador de un familiar con demencia, se ponga especial atención en no descuidar los cuidado hacia uno mismo.

En el caso de llegar a una etapa en que el nivel de dependencia sea tal que la persona cuidadora no se vea con fuerzas de seguir cuidando a su familiar, la recomendación es buscar ayuda profesional, ya sea en el propio domicilio o en una residencia de la tercera edad.

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