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Síndrome del cuidador quemado (Síndrome Burnout)

Síndrome del cuidador quemado (Síndrome Burnout)

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El envejecimiento de la población es un hecho que no parece que vaya a revertirse, sino todo lo contrario. Esto hace que la figura de cuidador sea cada vez más necesaria para asistir a las personas mayores con algún grado de dependencia. Y por este motivo, desde 2014 se celebra cada 5 de noviembre el Día Mundial del Cuidador, para poner en valor su gran labor de atención a las personas que necesitan cuidados.

Aunque la experiencia de cuidar de quien lo necesita pueda ser positiva y gratificante, es posible que se experimenten cuadros de estrés, frustración y ansiedad que deben vigilarse. Cuando esto ocurre, estamos delante de lo que se conoce como el síndrome del cuidador quemado.

En 1974, el psicólogo estadounidense Herbert J. Freudenberger utilizó este término para describir a los voluntarios que trabajaban en una clínica de desintoxicación, los cuales habían desarrollado una tendencia a evitar a los pacientes, así como una alta irritabilidad y una actitud despectiva hacia ellos.

La psicóloga Christina Maslach lo utilizó en el Congreso anual de la Asociación Americana de Psicólogos (APA) de 1977 para referirse al profundo desgaste físico y emocional que sufría la persona que cuida y convive con un familiar dependiente.

El estrés del cuidador: ¿cuáles son sus síntomas?

Los síntomas del cuidador quemado (o síndrome burnout) se deben a la carga que sufre el cuidador al sentirse totalmente responsable de la persona que tiene a su cargo:

  • Cansancio, fatiga, pérdida de energía
  • Alteraciones del sueño, insomnio y pesadillas
  • Dolores de cabeza y/o musculares
  • Falta de apetito o bulimia
  • Problemas de salud o empeoramiento de antiguas dolencias
  • Abandono del cuidado propio o de su imagen
  • Depresión y ansiedad
  • Tristeza
  • Falta de esperanza y sensación de impotencia
  • Irritabilidad e impaciencia, frecuentemente con reacciones exageradas ante pequeñas molestias
  • Dificultad para concentrarse
  • Aislamiento social
  • Apatía y desidia

Es muy importante reconocer estos signos en el cuidador para prevenir su agotamiento, ya que si no, no podrá realizar sus tareas en óptimas condiciones. 

¿Cómo podemos prevenirlo?

El cuidador debe tener muy en cuenta que, para poder cuidar bien a otra persona, es primordial que se cuide primero a sí mismo, como comentamos en nuestro post “El cuidado de las personas cuidadoras“.

Por ello, los siguientes consejos ayudarán a prevenir este síndrome:

  • El descanso y el ejercicio físico es vital para librarse del estrés acumulado, y ayudará a mejorar la conciliación del sueño.
  • Pedir ayuda y no soportar toda la carga. Es frecuente que el agotamiento venga originado porque el cuidado lo lleva sólo una persona. La ayuda de familiares y profesionales ayudarán a aligerar todo el peso del cuidado. Delegar tareas a otros familiares para que la responsabilidad del cuidado sea repartida o establecer turnos para cuidarlo puede resultar de gran utilidad. También se puede realizar una organización por tareas; mientras uno se encarga de las compras y recados, otros pueden dedicarse a llevar las finanzas de la persona mayor enferma o a las citas médicas y la compra de medicamentos.
  • No perder el contacto con amigos y compañeros de trabajo. Las relaciones sociales son un elemento esencial del que no se puede prescindir. Hablar con otras personas y realizar actividades conjuntas ayudará al cuidador a mantener el contacto con el mundo exterior, relajarse de su labor y a desahogarse de sus preocupaciones.
  • Aceptar la situación del enfermo y la propia. Es muy posible que el cuidador se cuestiones el porqué de la enfermedad del familiar o por qué no se cura. Los pensamientos negativos son inútiles y sólo conseguirán agotarle, hacer que su frustración aumente y que acabe hundiéndose en una depresión. Para evitarlo es esencial que el cuidador acepte la enfermedad y se centre en pequeñas metas con el objetivo de conseguir que el enfermo tenga el mayor bienestar posible cada día. Probablemente ello le permita ver las cosas desde una perspectiva más positiva y pueda sentirse orgulloso de su labor.
  • Hacer que el dependiente realice actividades por sí mismo, en la medida de lo posible. Esto beneficiará a los dos, ya que la persona mayor dependiente mejorará su autonomía y se sentirá más seguro cuando las haga, ayudando al cuidador a tener menos carga.
  • Dedicar tiempo a uno mismo. Es importante que el cuidador realice actividades que le gusten: darse un baño relajante, ir al cine o cualquier otra actividad de ocio. Incluso la meditación o los ejercicios de relajación ayudarán a evitar este síndrome. Si el cuidado es permanente, se puede aprovechar cuando la persona enferma está dormida para relajarse.

¿Qué ocurre cuando la persona a quien se cuida fallece?

También hay que tener especial atención del cuidador cuando el enfermo fallece, ya que debido a todo el tiempo dedicado exclusivamente a su cuidado, podría experimentar un gran vacío, junto a sentimientos de culpabilidad, que pueden acabar en depresión y estados de ansiedad.

Es importante no caer en esa trampa mental. Pensar que el final de la vida de cualquier persona es inevitable y que se ha hecho todo lo posible por cuidarle lo mejor posible, con todo el afecto y el esfuerzo posible.

Desde Pensium queremos poner en valor la importante labor de los cuidadores, especialmente cuando se trata de un rol desarrollado por familiares que reorganizan toda su vida para poder ofrecer los mejores cuidados y calidad de vida a sus seres queridos, y ofrecer nuestro servicio para los casos en que la persona dependiente requiere atención más especializada y continua y debe trasladarse a un centro residencial.

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